Cuando una orca te ofrece un pez

Dentro del paper más leído por la comunidad de la APA en 2025: 34 casos en cuatro océanos en los que un superdepredador salvaje intentó compartir su comida con humanos. Y lo que dice eso de nosotros

En febrero de 2015, frente a las costas de Punta Norte, en Patagonia argentina, una orca adulta se acercó a un kayak. No lo embistió ni lo evitó: se detuvo a centímetros, soltó un pingüino entero sobre la superficie y esperó. La persona dentro del kayak miró al animal. El animal miró a la persona. Después de unos segundos, la orca recuperó el pingüino, lo llevó consigo y siguió de largo.

Durante años, anécdotas como esta circularon entre biólogos marinos como curiosidades sin estatus científico: relatos de pescadores, de buzos, de capitanes. En 2025 dejaron de ser anécdotas. Un equipo de tres investigadores —Jared R. Towers (Bay Cetology, Canadá), Ingrid N. Visser (Orca Research Trust, Nueva Zelanda) y Vanessa Prigollini (Marine Education Association, México)— publicó en el Journal of Comparative Psychology de la American Psychological Association (APA) el primer estudio sistemático sobre el fenómeno.

El paper, titulado “Testing the waters: Attempts by wild killer whales (Orcinus orca) to provision people (Homo sapiens)”, se convirtió en el artículo más descargado de toda la APA en 2025, encabezando el ranking anual de sus 89 revistas científicas y más de 5.000 artículos publicados ese año. La APA reúne la producción de buena parte de la psicología académica del mundo angloparlante: que un trabajo de psicología comparada sobre cetáceos haya sido el más leído dice algo sobre el momento que atraviesa la disciplina.

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Qué se midió, exactamente

La pregunta que se hicieron los autores es deceptivamente simple: ¿pueden los animales salvajes ofrecerle comida a un humano de manera intencional, sin que medien entrenamiento, alimentación inducida ni domesticación? Hasta este trabajo, los registros zoológicos solo contaban con una constelación de eventos sueltos: focas leopardo (Hydrurga leptonyx) entregando presas a buzos, alguna falsa orca (Pseudorca crassidens) repitiendo el gesto, y los casos casi míticos —y muchas veces apócrifos— de niños abandonados alimentados por lobos o primates.

Los autores aplicaron un filtro metodológico estricto. Para que un caso entrara en el análisis, tenía que cumplir tres condiciones: el animal debía haberse acercado por su propia iniciativa (los humanos no podían haberse aproximado a menos de 50 metros en los cinco minutos previos); el animal debía haber soltado el ítem frente a la persona; y debía existir un comportamiento de espera observable después de la entrega.
Bajo ese filtro, sobrevivieron 34 casos documentados entre 2004 y 2024. Veintiún episodios ocurrieron sobre embarcaciones, once con personas en el agua y dos en la costa. Algunos quedaron registrados en video y fotografías; otros fueron reconstruidos a partir de entrevistas con testigos directos. Las orcas ofrecieron peces, mamíferos, aves, reptiles, invertebrados y, en algunos casos, simples algas.

“En todos los casos menos uno, las orcas se quedaron quietas, observando, después de soltar la presa. En siete ocasiones volvieron a intentarlo cuando los humanos rechazaron la primera oferta.”


Ese detalle —la espera, la insistencia— es lo que separa este trabajo de la lista anterior de anécdotas. El protocolo de Towers y sus colegas establece, por primera vez con criterios reproducibles, que el ofrecimiento no es un descarte accidental: es un acto que admite respuesta y que la espera.

Cuatro océanos, varias culturas

Las orcas registradas no formaban un grupo único. Pertenecían a poblaciones genéticamente distintas y con dietas diferentes: orcas transeúntes mamífero-cazadoras del Pacífico Norte (costas de Columbia Británica y Alaska), orcas de la población del Pacífico Tropical Oriental frente a California, orcas de Nueva Zelanda especializadas en rayas, orcas patagónicas argentinas conocidas por su técnica de varamiento intencional para capturar lobos marinos, y orcas noruegas que cazan arenques en formación coordinada.

Que cuatro poblaciones aisladas, con tradiciones de caza distintas, exhiban el mismo comportamiento sugiere algo más interesante que un capricho local. Apunta a que la conducta puede ser parte del repertorio social profundo de la especie, no una rareza cultural de un grupo en particular. La biología llama “convergencia comportamental” a este tipo de coincidencias: cuando organismos sin contacto entre sí desarrollan respuestas equivalentes ante problemas equivalentes.

El equipo registró además un dato que desconcertó incluso a los autores: el 38% de los episodios incluyó elementos de juego —golpear la presa con la cola, sumergirla y volver a sacarla, hacerla rodar—. Es decir, en uno de cada tres casos la orca no solo ofrecía: también jugaba con eso que ofrecía y con la persona a la que se lo ofrecía.
Por qué la psicología se interesa por orcas.

Que un estudio sobre cetáceos termine en una revista de psicología y no de biología marina no es casual. La psicología comparada —campo fundado a fines del siglo XIX y consolidado en el XX por figuras como Donald Hebb y Harry Harlow— estudia los procesos mentales y conductuales a lo largo del árbol evolutivo. La pregunta que la atraviesa es vieja y todavía abierta: ¿qué tienen de únicos los procesos cognitivos humanos y qué compartimos con otras especies?

Las orcas son, después de los humanos, uno de los pocos mamíferos con cultura documentada en sentido estricto: tradiciones que se transmiten por aprendizaje social, varían entre poblaciones y persisten generación tras generación. Diferentes pods tienen dialectos vocales propios, técnicas de caza específicas y hasta modas pasajeras —en 1987, un pod del Pacífico Noroeste empezó a usar salmones muertos como sombreros, una conducta que se propagó durante semanas y desapareció sin dejar rastro—..

En ese marco, ofrecer comida a un humano deja de ser una curiosidad para convertirse en un fenómeno teóricamente cargado. La conducta prosocial entre especies (interspecific prosociality) es uno de los terrenos donde más se discute hoy la frontera entre instinto, aprendizaje cultural y empatía. Si una orca salvaje, sin entrenamiento ni recompensa, decide compartir comida con un primate bípedo que vive en el aire, está poniendo en cuestión varias hipótesis a la vez.

“Las orcas suelen compartir comida entre ellas. Es una actividad prosocial y una manera en que construyen relaciones. Que también compartan con humanos puede mostrar su interés en relacionarse con nosotros.” — Jared R. Towers, autor principal del estudio


Las cuatro hipótesis sobre la mesa Towers, Visser y Prigollini son cautos: no afirman haber descifrado la motivación de los animales. En cambio, dejan abiertas cuatro explicaciones que no son mutuamente excluyentes. La primera es la práctica cultural: los pods comparten presas entre miembros y entre familias como parte de su tejido social, y trasladar ese hábito a los humanos podría ser una extensión natural del repertorio aprendido.

La segunda es la exploración. Las orcas, como muchos predadores apicales, dedican una parte significativa de su tiempo a investigar objetos y entidades nuevas. Ofrecer comida y observar la respuesta sería un experimento etológico —rudimentario pero deliberado— sobre qué clase de criatura es esa que está sobre el agua o flotando en ella.
La tercera es el juego, especialmente plausible cuando los protagonistas son juveniles, y consistente con el 38% de casos donde se observaron conductas lúdicas. La cuarta, la más especulativa pero también la más sugestiva, es el desarrollo de relación: los autores plantean que algunos episodios podrían ser intentos genuinos de iniciar un vínculo interespecie, en línea con el comportamiento documentado de orcas que reconocen embarcaciones y personas individuales a lo largo de los años.

“Ofrecer ítems a humanos podría incluir, simultáneamente, oportunidades para que las orcas practiquen comportamientos culturales aprendidos, exploren o jueguen, y al mismo tiempo aprendan sobre nosotros, nos manipulen o desarrollen relaciones con nosotros.”

Esa frase, tomada del paper original, es probablemente la clave del impacto del trabajo. No reduce el fenómeno a una sola causa ni cae en la trampa de antropomorfizarlo. Mantiene abierta la pregunta y, al hacerlo, invita a más investigación.

Por qué este paper, y por qué ahora


Que la APA haya coronado este trabajo como el más leído del año dice algo sobre el clima intelectual de 2025. Los otros ocho artículos del top 10 anual incluyeron investigaciones sobre microagresiones en clínica con pacientes LGBTIQ+, tiempo de pantalla y desarrollo del lenguaje en la infancia, y orígenes evolutivos de rasgos psicosociales. Pero fue este, sobre orcas que ofrecen pingüinos y rayas, el que se descargó más veces.

Hay al menos tres razones que explican el fenómeno. La primera es el encanto narrativo: la imagen de un superdepredador salvaje entregando un trozo de hígado de raya con la calma de un gato dejando un ratón en el umbral es difícil de olvidar. La segunda es el contexto cultural: en una década en que la idea de “inteligencia animal” dejó de estar confinada a primates y se expandió hacia pulpos, cuervos y cetáceos, este paper aporta evidencia rigurosa a una conversación pública creciente.

La tercera es más profunda y atraviesa toda la psicología contemporánea: la disolución progresiva del antropocentrismo cognitivo. El siglo XX construyó la psicología sobre el supuesto de que ciertos procesos —teoría de la mente, prosocialidad gratuita, intención comunicativa— eran exclusivamente humanos. Cada año, la evidencia comparada erosiona un poco más ese supuesto. Y cada erosión es, también, una invitación a repensar qué entendemos por subjetividad, vínculo y cultura.

Una nota de cautela

El propio paper recuerda que las orcas son, ante todo, predadores. Aceptar comida de un cetáceo salvaje no es buena idea ni para la persona ni para el animal: alterar el comportamiento de fauna marina libre puede degradarlo y, en algunas regiones, está prohibido por ley. La conducta de provisión documentada por Towers y su equipo es un objeto de estudio, no una invitación a la interacción.

Pero como objeto de estudio es excepcional. Treinta y cuatro casos verificados, recolectados a lo largo de dos décadas, en cuatro océanos, con criterios metodológicos explícitos. El paper aporta lo que la psicología comparada necesita y casi nunca tiene: registros sistemáticos de conducta animal en contextos no controlados. Y abre una línea que probablemente no se cierre pronto.

La pregunta de fondo, la que vuelve después de leer el trabajo, no es si las orcas pueden ofrecer comida a humanos. Eso ya está respondido. La pregunta es qué piensa una orca cuando lo hace. La respuesta, por ahora, sigue del otro lado del agua.

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FICHA TÉCNICA DEL PAPER

Towers, J. R., Visser, I. N., y Prigollini, V. (2025). Testing the waters: Attempts by wild killer whales (Orcinus orca) to provision people (Homo sapiens). Journal of Comparative Psychology. Publicación anticipada en línea, 30 de junio de 2025. DOI: 10.1037/com0000422.
Revista: Journal of Comparative Psychology, editada por la American Psychological Association (APA). Editor de acción del artículo: Ivo Jacobs. Modalidad: open access. Período relevado: 2004–2024. Casos analizados: 34 (21 sobre embarcación, 11 en el agua, 2 en costa). Poblaciones implicadas: orcas transeúntes del Pacífico Norte, orcas del Pacífico Tropical Oriental, orcas neozelandesas, patagónicas y noruegas.

CÓMO SE RECONOCIÓ SU IMPACTO

La APA publicó en su Monitor on Psychology de enero/febrero de 2026 el ranking de los diez artículos más descargados durante 2025 entre los más de 5.000 publicados ese año en sus 89 revistas. El trabajo de Towers, Visser y Prigollini ocupó el primer puesto del listado.

FUENTES CONSULTADAS PARA ESTA NOTA


American Psychological Association (2026). Top 10 journal articles of 2025. Monitor on Psychology, Vol. 57, N.º 1. Washington, D.C.
American Psychological Association (2025, 30 de junio). Killer whales, kind gestures: Orcas offer food to humans in the wild. Comunicado de prensa.
Towers, J. R., Visser, I. N., y Prigollini, V. (2025). Testing the waters: Attempts by wild killer whales (Orcinus orca) to provision people (Homo sapiens). Journal of Comparative Psychology. DOI: 10.1037/com0000422.
CBC News (2025, 1 de julio). Orcas might be trying to learn ‘who we are’ when they share prey with humans, study suggests.
Popular Science (2025, 1 de julio). Wild orcas will sometimes offer food to humans.


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